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Cruzando el Aconquija: Arqueología, cultura y fe entre Tafí y San José el Valle Calchaquí

12/04/2019

Hermosos y paradisíacos paisajes de la cabalgata desde Tafí del Valle cruzando el Aconquija ( Cerro Muñoz) bajando por la localidad de Entre Ríos durante los días 30 y 31 de Marzo.
Uno de los protagonistas de la cabalgata fue Félix Alberto Montilla Zavala (abogado , doctor en Derecho Público, Miembro de la Junta Tucumana de Estudios Históricos) quien comparte un escrito llamado "Cruzando el Cerro Muñoz. Arqueología, cultura y de entre Tafí y San José el Valle Calchaquí".

Cruzando el cerro Muñoz

Arqueología, cultura y fe entre Tafí y San José el Valle Calchaquí

Por: FÉLIX ALBERTO MONTILLA ZAVALÍA 

El cerro Muñoz confín norte de la cadena del Aconquija

 

El espléndido Valle de Tafí tiene como límite occidental a la imponente cadena del Muñoz.

Debe su nombre al joven criollo Juan Bautista Muñoz, que siendo vecino morador del San Miguel de Tucumán se fugó de su casa en 1568 “levantado y subido a la sierra con los indios de guerra que confinan con los de Chile, gente muy belicosa, y llevando consigo cincuenta indios de un pueblo de su padre", según informaba el gobernador Juan Ramírez de Velasco al Rey de España Felipe II. 

Vista del Cerro Muñoz desde Tafí del Valle

Muñoz, debió de haber trepado por la Quebrada del Portugués (en cuya cercanía estaba la ciudad de Ibatín) hacia el Aconquija y, la situación se tornó un problema de estado en la pequeña San Miguel, fundada tan solo tres años antes, que obligó a Ramírez de Velasco a ordenar que un contingente de 120 soldados saliera a buscarlo debido a "la aspereza de la tierra”.

Luego de aquella movilización, que involucró a tropas de Santiago del Estero, Tucumán y Talavera de Esteco, Muñoz fue apresado explicándose que su actitud tenía por razón el hecho de que "hace seis años estaba amancebado con tres o cuatro indias… y no hacía vida con su mujer” .

Desde entonces el extremo septentrional del Aconquija recibe, del lado tucumano, la denominación de Cerro Muñoz y constituye el límite natural entre Tucumán y Catamarca.

Del lado del Valle de Santa María, el cordón montañoso se llama Aconquija, que viene del quichua Hankonukilla que significa cumbre nevada de la luna. Espléndida significación –dice Storni- para nombrar al punto culminante de la enorme mole andina que configura nuestro principal sistema orográfico, a la que el indígena profesó sempiterna admiración y consagró con emoción perecedera . 

 

Científicos

Por el Aconquija, y particularmente por el Muñoz, han transitado una importante cantidad de científicos a lo largo del siglo XIX y principios del XX. 

Entre 1870 y 1880 pasaron por el Aconquija entre Tafí y el Valle Calchaquí los alemanes A. Stelzner, Lorenz y Schickendantz. Describieron su flora, su fauna y su geología.

A principios de siglo XX lo hizo el sabio Miguel Lillo y el arqueólogo Adán Quiroga. Fueron los primeros en documentar la Piedra de las Guitarras del cerro Muñoz.

W. Penck, geólogo, pasó de Belén a Tafí en 1914. En esa misma década transitaron las pedregosas sendas R. Stappenbeck, J. Rassmuss y Bonarelli.

Abel Peirano también lo cruzó rumbo a Catamarca y Franz Kuhm describió su geología con precisión a comienzos de la década de 1940.

 

Descripción

Aquella impactante mole de color azul petróleo y textura aterciopelada contrasta con el turquesa profundo del cielo tafinisto del invierno. 

En verano, los tonos esmeraldas de sus praderas se entremezclan con aquel añil y el efecto del sol penetrando en sus grandes quebradas y cañadones dan un espectáculo visual de diversas tonalidades y de indescriptible belleza.

De vez en cuanto las cumbres se tiñen de alba por el efecto de abundante granizo o una que otra nevada. En verano las nubes colonizan al Muñoz y los truenos retumban generando sonoros ecos. Los rayos explotan por doquier. Desde el valle se divisan las cascadas que bajan raudas de las cimas formando rabiosos torrentes que arrastran barro y piedra. Los ríos del Rincón, Alisos, Muñoz, Molle Solo, Blanco y Carapunco se tornan virulentos cauces ruidosos que hacen temblar la tierra. Pero su furia es pasajera. Las crecientes igual de pronto que llegan se van. 

Puesto de Piedra Pintada de la familia Cequeira. Cumbre del Cerro Muñoz

El Muñoz, morfológicamente, se presenta como una serie de cordones largos de elevación uniforme que impresionan por su mole maciza y compacta cuya altura  máxima es de 4.600 msnm. Las cumbres no presentan formas de arista, sino (enseñan Kuhn y Rohmeder) en su mayor parte son superficies onduladas tapizados de conglomerados rocosos formando pequeños valles altiplánicos surcados por arroyos. Su altura promedio es de 4.000 msnm .

La cara oriental del Aconquija goza de abundantes lluvias en el verano y comienzos del otoño y condensa el vapor de agua lo que genera una gran red hidrográfica formando los ríos antes mencionados.

La cara occidental, en cambio, es sumamente árida y pedregosa, y gran parte de los cursos de agua tienen su naciente en vegas situadas en la cumbre y bajan encajonados por las quebradas del Aconquija. Casi todos estos ríos –Entre Ríos, Ciénega y de las Salinas- corren por tramos subterráneos entre cauces secos y sumamente pedregosos, y desaguan en el Santa María. 

Existen otros ríos que se forman subrepticiamente –luego de abundantes tormentas en las cumbres- y que con rabia descienden por las quebradas y generan generan, a menudo, aludes en el Valle de Santa María. Cesada la lluvia los rios se agotan.

El Muñoz comienza al sur del valle de Tafí inmediatamente después de la culminación del cordón montañoso de Las Ánimas, que también es parte de las sierras del Aconquija. Hacia el norte el confín está dado en el Infiernillo, donde forma un abra al unirse con la cadena de las Cumbres Calchaquíes.

Caminos

Desde el Valle de Tafí se puede acceder a la cumbre del Muñoz por una multiplicidad de caminos de herradura. Cuatro son los más utilizados: al sur la senda que nace en El Rincón/Las Carreras y sube por el filo del Rio Los Alisos hasta llegar al punto más alto de la serranía a una altura aproximada de 4.600 msnm. Es un camino bien marcado, muy escarpado y en el que abunda la vegetación hasta los 3.000 msnm debido a su exposición a la constante humedad que penetra por la Quebrada del Portugués.

La segunda senda nace en el Molle Solo. Es bastante empinada y se accede, previo ascenso hasta los 4.200 msnm al Puesto de las Cuevas localizado en la parte meridional de la cumbre del Muñoz. 

La tercera cuesta, algo menos exigente, comienza en el Río Blanco, pasa por Ciénega Grande y luego trepa por un camino serpenteante y pedregoso que llega hasta el Puesto Viejo de González a una altura aproximada de 3.800 msnm. Este camino, más adelante, supera los 4.000 metros y transita por Piedra Pintada, Puesto de las Cuevas, Laguna de los Patos y Puesto de Tiburcio, allí desciende hasta Entre Ríos, en Catamarca. Esta vía utilizan los peregrinos tafinistos de San Roque.

Finalmente, la senda del Infiernillo, que es la más fácil pero sumamente larga, permite acceder por el confín norte del Muñoz hasta el Puesto Viejo de González. Esta senda está bien marcada y se utiliza constantemente para ir a Carapunco (puerta de cuero ) -una pequeña cumbre en el Muñoz- en cuya cercanía nace el arroyo homónimo.

Muchos de estos caminos deben de haber sido rutas de tiempos prehispánicos, pues en varios trechos de ellos pueden observarse ruinas indígenas en sus márgenes o cercanías. Luego, estas vías fueron aprovechadas en el período hispánico para el tránsito comercial de caravanas, pues se avizoran una serie o cadena de puestos, algunos de los cuales subsisten al presente, que dan la idea del intenso tráfico que otrora se registró por aquellos inhóspitos lares.

Clima

En el cerro Muñoz existe una amplia variedad de climas debido a los estratos de humedad, la altura y la estación. 

Durante el verano la cara este del cerro -es decir del lado tafinisto- hay un régimen de humedad que varía notoriamente de sur a norte: hacia el confín austral las abundantes lluvias penetran por la quebrada del Portugués. Éstas van disminuyendo en intensidad de modo paulatino a medida que se llega hacia el Infiernillo. Las temperaturas, en la zona del Rincón son más cálidas que en el Infiernillo.

En el período estival son habituales las fuertes tormentas y las granizadas en la cumbre del Muñoz.

En invierno el clima se torna estepario. Con un régimen de humedad muy bajo y gran amplitud térmica durante el día y la noche. En la cumbre el clima es similar al de la Puna. Eventualmente garrotilla y nieva.

Del lado catamarqueño el Aconquija es sumamente árido. En verano algunas tormentas -escasas- azotan la región.

Flora y fauna

El Muñoz se caracteriza por tener una variada flora, marcada por los distintos climas a los que está expuesto. Su ladera este es más fértil que su cara oeste que da al Valle de Santa María y eso permite la existencia de ecosistemas de mayor riqueza biológica.

Del lado de Tafí del Valle es posible encontrar una gran variedad de arbustos hasta los 3.000 metros, como por ejemplo la micuna (Berberis), el molle (Schinus molle), el suncho (Baccharistucumanensis) y azafrán (Chuquiragalonguiflora). 

Aisladamente, entre medio de las rocas y en las quebradas, se encuentran pequeños montes de queñoas (Polylepisaustralis), también en los sitios cercanos a antiguos puestos crecen saucos (Sambucus peruviana) y mimbres. Siringuillas y cortaderas se entremezclan con plantas aromáticas como la muña muña (Saturejaodora) y el arcayuyo (Chenopodiumfoetidum) que durante el verano y otoño inundan con su fragancia la zona.

A partir de los 3.300 metros la flora comienza a escasear y los vientos arrecian con mucha dureza –especialmente durante los meses de junio a agosto-. El sol quema con fuerza pero no calienta. Allí los pajonales invaden el paisaje y resulta muy abundante la yareta (Azorella compacta). En la cumbre, pasados los 3.800 metros, la vegetación es muy rala, en el piso arenoso crece el iro (Festucaortofilla) -que conforma círculos de un diámetro aproximado de 1 metro- la tola (Parastrephiaquadrangularis) y, yuyos como la chachacoma (Seneciooreophyton) y la poposa (Werneriapoposa), con cualidades medicinales según la gente del lugar. Ésta segunda, según relatan los lugareños, es un “yuyo celoso”, pues cuando se procura su recolección el cerro suele nublarse y comienza a tronar.

La vegetación en la cara árida del cerro -del lado de Catamarca- está compuesta por plantas adaptadas a la sequía, la amplitud térmica -frio intenso de noche y abundante calor de día- y a la altura. Tolas, añagua (Adesmiaspinossima), ricanca -con propiedades medicinales-, jarilla (Larrea), aragua (Adesmiahorridiscula) y espinillo (Vachellia caven), y a los pies del cerro hay dispersos por todos los confines erguidos cactus (Trichocereusspachiana) entre otros.

La fauna es esquiva, y, quizás, escasa. Hasta cierta altura se avistan, del lado de Tafí, guaypos (Rhynchotusmaculicollis) y teros. A medida que se asciende hacen su aparición los cóndores (Vulturgryphus). 

Entre los grandes conglomerados rocosos de la cumbre, aparecen camuflados chinchillones (Lagidiumviscacia) y en el suelo rebosan lagartijas (Liolaemusramirezai). Bajando la mirada al piso se advierte la tierra removida de las madrigueras de ocultos (Ctenomysopimus). También hay gran cantidad de zorros (Lycalopexculpaeus) que al sentir la presencia del hombre rápidamente se escabullen mimetizándose con el paisaje. 

En la cumbre también hay leones -puma (Puma concolor)- que es diezmado por los lugareños debido al daño que hace en la hacienda.

Se ven muy pocos rebaños de guanacos (Lama guanicoe). Otrora abundaban por las pampas altiplaníticas, al punto que desde ambos valles -de Santa María y Tafí- organizaban contingentes para ir a cazarlos. La práctica abusiva los depredó. 

El ganado domesticado compuesto por llamas (Lama glama) y ovejas forman grandes majadas que migran de un lado a otro por la cumbre. Son la ganadería mayoritaria de los escasos puestos que sobreviven en el Muñoz.

La vida humana

Los caminos que surcan el cerro y que conectan Tafí con el Valle de Santa María, dan cuenta que la vida humana fue muy activa y debió de ser abundante en el Muñoz, como ya lo sugerimos.

Existen numerosos testimonios arqueológicos a lo largo y ancho del cerro, de ambas caras y en la cumbre. Del lado del Valle de Santa María los vestigios son numerosísimos a todo lo largo del cerro Aconquija.

En Tafí, en la zona del Infiernillo y en Carapunco se divisan varios conjuntos de viviendas prehispánicas, algunos de los cuales ya han sido estudiados por arqueólogos -como por ejemplo el sitio de la Quebrada de los Corrales -.

En la zona de Río Blanco, a los pies del Cerro Muñoz, hay numerosos vestigios arqueológicos: allí se encuentra la “piedra sapo” con sus enigmáticas cazoletas. 

Cercano a la senda del Molle Solo está, a 3.000 metros de altura, el sitio llamado “el Fuerte Viejo”, lugar en el que se ven círculos, terrazas, corrales en un relativo buen estado de conservación y que dan cuenta de la existencia de una importante ciudadela aparentemente con fines defensivos. La misma nunca fue analizada por los arqueólogos por lo inhóspito de su ubicación y la complejidad en acceder a ella. Un plano de mensura de las posesiones del gobernador José Manuel Silva trazado por el ingeniero francés Dalgare Etcheverry hacia 1845 da cuenta de su existencia.

En el Rincón, al pie del extremo austral del Cerro Muñoz, se encontraron numerosos menhires documentados por Rodolfo Schreiter hacia 1930 (menhir Nazario Mamaní) y algunos petroglifos –denominados del Sol-, también conjuntos de viviendas indígenas y piedras adornadas por numerosas cazoletas. 

Pero el testimonio más importante de la presencia humana prehistórica se encuentra en la cumbre: el sitio de Piedra Pintada.

Piedra Pintada

Adán Quiroga (1863-1904), un magistrado catamarqueño amante del terruño calchaquí, vivió en Tucumán durante algún tiempo. Allí fue juez civil y en sus ratos libres se dedicaba a recorrer la Provincia relevando los vestigios aborígenes de los cerros.

Visitó el Valle de Tafí un par de veces. En uno de sus viajes tomó noticia que en la cumbre del Muñoz existía un petroglifo que los lugareños denominaban “piedra de las guitarras”, atento a que la gente creía ver reproducidas dos de esos instrumentos en la piedra. Describía que la piedra “está a mitad del cerro a medio día de viaje. La pintura es ocre rojo sobre un fondo negro, al parecer artificial; mira al norte-nordeste y el ancho de la piedra de granito es de 2.60, m, siendo de 0.38 m el largo de las figuras reproducidas”, agregando que los grabados le hacían presumir que se trataba de un plano de una ciudad, pues, afirmaba, mientras subía al cerro se había topado con unas ruinas cuyo relevamiento le resultaba similar a las pinturas de las piedras .

Explicaba, entonces, que las pictografías debían ser el plano de aquellas ruinas.

En el lugar de la piedra de las guitarras (lat. 26º49´51´´S; long. 65º49´´51´´O) fue estudiado, también, por el sabio Miguel Lillo que, en 1902 tomó la primera fotografía que se conoce de aquel petroglifo.

Modernamente la estudió Martha Dicchiara, que explicó a los enigmáticos gravados afirmando que se trata de una “figura humana esquematizada” .

Las diversas teorías pueden ser igualmente válidas, pues los dibujos encierran una incógnita similar a la de los menhires tafinistos. Cualquier explicación que se esboce, entonces, es razonable pero no encierra suficiente grado de certeza.

La piedra tiene dos pictografías, una de las cuales, la de la izquierda, parece no haber sido concluida.

Ruinas indígenas en la cumbre del Muñoz

Contiguo a la “piedra de las guitarras” existe una pequeña aldea. Sin duda el conjunto debió de haber sido más amplio, pero la construcción del Puesto de Sequeira utilizó las piedras del asentamiento para edificar, hacia fines del siglo XIX o comienzos del XX, las habitaciones del puesto y los grandes corrales utilizados para encerrar al ganado.

Pero también, a lo largo de la cumbre, se divisan construcciones circulares, que se tornan más evidentes -y mejor conservadas- cuando se desciende hacia el valle de Santa María.

Puestos criollos

Una cadena de puestos da la idea de la importancia que tuvieron las rutas comerciales en el cerro Muñoz. Desde los tiempos hispánicos, cuando Tafí fue dado en encomienda a Melián de Leguizamo y Guevara -1618- se convirtió en una importante localidad de paso entre San Miguel de Tucumán y las ciudades del Valle Calchaquí -donde se explotaba la minería- y Potosí -que era el mercado más importante en consumo de ganado mular de Sudamérica entre el 1560 hasta 1840-. 

Las pasturas de Tafí permitían engordar el ganado que luego era arriado hasta los centros mineros andinos.

Aquella explotación fue la principal actividad económica de Tafí hasta la primera mitad del siglo XIX.

En la senda del Río Blanco, en el valle de Tafí, un primer puesto, con amplios corrales, custodiaba el inicio de la ruta que subía entre pircados y apachetas hasta el Puesto, ya abandonado, de la Ciénega Grande. Esta construcción contaba con una cocina y dos habitaciones separadas edificadas íntegramente con piedra, y tres corrales de pirca. Todavía persiste una gran roca con una cazoleta y un mortero hermanados, también está la piedra pecana y más alejado de las construcciones otra roca granítica con un profundo mortero. Está a medio camino de la cumbre.

Dos horas más arriba, ya en la cima del cerro, está el Puesto Viejo (habitado actualmente por la familia González) que también cuenta con amplios corrales y según referencias de sus habitantes tiene más de cien años. Son siete las construcciones, de piedra y adobe techadas con paja. Sus pequeñas puertas están hechas con tablones de cardón. Tiene su mortero y su pecana, ambos en uso. Las piezas están todas separadas en un terreno aterrazado en distintos desniveles donde se ubican las habitaciones, el depósito y la cocina, todas independientes y diseminadas alrededor de un patio. En sus aledaños están dos corrales de pirca orientados hacia el norte y frente a la gran pampa, ventosa, en la cima del Muñoz con una impactante vista a las Cumbres Calchaquíes.

Desde allí, a casi ocho kilómetros por la senda que gira hacia el sur y va ascendiendo en altura por medio de una pequeña cañada, se halla el puesto de Piedra Pintada de Nolasco Salomón Cequeira. Afirma la familia que se edificó a comienzos del siglo XX, y que la primera construcción se levantó en piedra y barro y luego se construyeron un par más de ellas para servir de habitaciones. Todas están dispuestas en torno a un gran patio central techadas con paja de la zona y en el correaje se utilizó madera de cardo traída del valle calchaquí. Más allá de la casa están los corrales y corre una acequia que nace de un ojo de agua, que provee del líquido vital al puesto. Cercano a las construcciones, también, hay una gran caverna que le denominan socavón utilizada como depósito y encerrada en el corral se encuentra la ya descripta Piedra de las guitarras. El puesto está emplazado entre altas peñas que lo protegen de las inclemencias del fuerte viento de la cumbre y del frío. Continúa en funcionamiento en la actualidad y tiene su mortero y su gran horno levantado en piedra y barro.

La ruta sigue camino hacia el sur. Cinco kilómetros más arriba se halla el Puesto de las Cuevas, al que también se puede acceder por el camino del Molle Solo desde Tafí. Junto a una inmensa piedra se hallan seis construcciones. El puesto está construido en adobe y roca del lugar. Cercano a él hay otras gigantescas piedras graníticas en las que se ha cavado cuevas -de allí la denominación- y que son utilizadas actualmente por sus administradores -familia Mamaní- para separar las pequeñas ovejas de la majada y protegerlas. El agua es provista por un ojo cercano a la casa y cuenta, también, con grandes corrales de pirca. Tiene su mortero y su pecana.

La senda continúa subiendo hacia el rumbo sur. Luego de atravesar una cañada se cruza por un pequeño arroyo. Allí se encuentran los vestigios de un antiguo puesto construido con piedras de un asentamiento prehispánico. Las ruinas del puesto, en el que solo pueden distinguirse dos construcciones cercadas por un corral de pirca contiguo a otro gran corral de pirca, estuvo habitado hasta hace un par de décadas. Al costado nace una gran vega, donde, al parecer, extraían agua. Esta es la última construcción antes de traspasar el límite con Catamarca que se encuentra un kilómetro más arriba en una planicie típicamente puneña a casi 4.100 metros de altura donde está la gran laguna de Los Patos.

Desde allí, la ruta sigue hacia el oeste. Se traspasa por una amplia cañada en la que corre -entre vegas- la naciente del Rio de Entre Ríos hasta que finalmente se avista el extenso Valle de Santa María. Entonces se divisa un gran corral y tres construcciones de pequeñas proporciones: es el Puesto de Tiburcio Escalante. También ha sido edificado con piedras reutilizadas de ruinas indígenas, su techumbre es de paja y las puertas son de madera de cardo. Por doquier, desparramadas en el suelo se pueden ver restos de alfarería prehispánica y contiguo a la casa hay un corral y un soto corral para los animales más pequeños. Cercano a la casa hay un ojo de agua. 

Desde allí, hasta la localidad de Entre Ríos, se suceden varios potreros empircados. La senda estrecha, pedregosa y, en muchos tramos, encajonada hace una abrupta bajada. A medio camino -dos horas desde el Puesto de Tiburcio- hay unas ruinas de un puesto a la vera del sendero, por la sencillez de la construcción y el estado, se advierte que fue muy sencillo y está abandonado hace varias décadas. 

Entre Ríos y San José

El camino, tras cuatro horas de un penoso andar, desemboca en el Río San José. Este curso de agua está plagado de piedras graníticas del cerro Aconquija. Desde lo alto se siente como el agua de las cascadas rompe al precipitarse entre las rocas. El cauce, por momentos encajonado, al acercarse a Entre Ríos se torna muy ancho formando un pequeño valle sumamente fértil donde hay numerosas fincas regadas por acequias. La principal actividad de la localidad es la agricultura, también se dedican a la vid y a cosechar frutas -principalmente damascos y nueces-. 

El camino, ya carretero, desemboca en la pintoresca ciudad de San José, donde su imponente Iglesia y las vetustas y señoriales casas coloniales se destacan dentro de una docena de cuadrículas en damero que marcan el paisaje citadino.

La historia de San José muestra su esplendoroso pasado criollo. La ciudad se formó a partir de la estancia de San Juan de Ingnamana edificada, junto a la Capilla de San José, hacia 1687 por Juan Cristóbal de Retamoso que se dedicó a la explotación del cerro Aconquija en la mina denominada de la “Purísima Concepción y San Carlos de Austria”   -por la zona existen varios socavones e ingenios abandonados que dan cuenta de aquel pasado-. 

Todavía San José cuenta con numerosas y centenarias casas solariegas que atestiguan la importancia comercial que tuvo durante el siglo XIX y comienzos del XX gracias a la minería. Hoy la agricultura -regada por el Río Santa María- y la ganadería son las actividades económicas principales de la ciudad cabecera del municipio.

La fiesta de San Roque

Por el cerro Muñoz transita la ruta del peregrino de San Roque. Esta romería se realiza todos los 16 de agosto de cada año. Comienza los primeros días de agosto, cuando en Tafí del Valle se organizan los diversos grupos -con sus guías- para transitar por el cerro hacia San José.

El 13 de agosto comienzan los caminantes a subir por las sendas de Molle Solo y Río Blanco. Los más jóvenes van por la primera, que es más corta pero muy exigente, y el resto -incluyendo mujeres y ancianos- suben por Río Blanco. Algunos rezan, otros, promesantes marchan en silencio llevando en andas a pequeñas imágenes de diversas advocaciones de la Virgen María o de santos acompañadas por monocordes notas de violín y cajas copleras y adornadas con flores y banderas argentinas y papales. Unos cuantos a caballo y un gran grupo peregrina en medio de un clima festivo tomando bebidas. 

Largas caravanas humanas coloridas suben en fila india. La bulla de la música, las carcajadas de los borrachos y los rezos de los peregrinos se entremezclan en un barullo que el viendo dispersa.

Muy pocos hacen el camino hasta San José en una sola jornada -son algo más de 70 kilómetros y la gran cadena del Aconquija de 4.200 metros que separan Tafí del destino en el valle de Santa María-. Muchos de los peregrinos acampan a mitad de camino al aire libre. Se organizan fogones en la gélida noche invernal. Al día siguiente, antes que despunte el sol, emprenden nuevamente el andar. A la noche de aquel segundo día llegan, fatigados, a San José. 

El día del santo, el 16 de agosto, la mayoría de los promesantes asiste a la misa que se celebra por el Obispo de Cafayate al medio día. San José está desbordada por el fervor religioso de todos los confines del valle Calchaquí. Durante varias jornadas han desfilado por los cerros los misachicos. Al terminar la celebración la minúscula imagen parroquial de San Roque es colocada en su altar lateral.

Luego sigue la fiesta. Música criolla, artesanías y una ciudad apacible que se ha revolucionado por un santo milagrosos


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